source: Robert-Havemann-Gesellschaft/Dirk Vogel
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Michael Beleites

born 1964 in Halle (Saale)

"Cada cosa a su tiempo", es uno de los dogmas de Michael Beleites. Este hombre no se deja llevar por las obsesiones, sin embargo, sabe apasionarse por las cosas. Su pose, con las manos en los bolsillos y una sonrisa en los labios, irradia una equilibrada firmeza, la misma que le sirvió en los años 1980 para iniciar complicadas y peligrosas investigaciones acerca de la extracción de uranio en la RDA. Como activista del movimiento pacifista de Alemania del Este, instó a que se llevara a cabo la desnuclearización. Centró su foco de atención en la extracción de la materia prima para las armas nucleares: el uranio. Tras el fin de la II Guerra Mundial, la Unión Soviética se había apropiado del yacimiento de uranio en la región de Erzgebirge, en Sajonia, para luego explotarlo en el más estricto secreto. La empresa se llamaba SDAG Wismut, un nombre que pretendía encubrir el verdadero mineral que se extraía. Ni los soviéticos ni el Partido Socialista Unificado (SED) tuvieron en cuenta a las personas o el medio ambiente. Los residuos radioactivos eran volcados en escombreras y a los mineros se los compraba con sueldos altos y alcohol; muchos murieron jóvenes de silicosis o cáncer. Explotación pura en el supuesto Estado de los obreros y campesinos. Y, ¿qué hizo el joven Beleites? Recopiló laboriosamente información –observado siempre con recelo por la Stasi– acerca de una de las mayores empresas industriales de la RDA. Amigos de Occidente le mandaban material que lo capacitaba para formular las preguntas adecuadas relacionadas a los procesos técnicos y los daños medioambientales. Aprendió rápido y empezó a recibir las respuestas, no de la central de Wismut, sino de la gente de Erzgebirge o Turingia, de los mineros y de un empleado de la autoridad de vigilancia de aguas. 

En otoño de 1987, Michael Beleites había reunido tanto material que decidió hacerlo público. La cuestión era cómo. El joven, que tenía en aquel entonces 23 años, no podía ir a una imprenta estatal y entregar el manuscrito. Así que consiguió una máquina de imprimir con matrices de cera de los años 1920 de una de las oficinas de la iglesia, nuevas matrices y tinta de imprenta de sus amigos de Occidente e imprimió él mismo los

1.000 ejemplares de su folleto de 64 páginas Pechblende. El panfleto fue publicado en junio de 1988 y pasado de mano en mano. Beleites recibió cartas de agradecimiento, apoyo e información adicional. "Es todo mucho peor", le escribía la gente que vivía en los parajes lunares en torno a las escombreras. Le hablaban de enfermedades y muertes, de aguas contaminadas, de opresión. Beleites infundió ánimo a la gente. Dejaron de callar y empezaron a hablar. 

Cuando salieron a la calle en 1989 para librarse de una vez de la dictadura socialista, Michael Beleites también perdió el miedo a que la Stasi algún día pudiera tomar represalias por su obra informativa. Su libro nunca apareció en una lista de los más vendidos, sin embargo, tuvo un efecto mayor que el de algunas obras de tirada millonaria. Efectivamente, cada cosa a su tiempo.

Katharina Sperber

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