source: Robert-Havemann-Gesellschaft/Dirk Vogel
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Thomas Krüger

born 1959 in Buttstädt

La política requiere educación. No todo el mundo sabe entrever las intenciones de las promesas de ideólogos y populistas, especialmente la gente joven. Thomas Krüger es una de esas pocas personas que, ya desde joven, dio mucho valor a la autosuficiencia. Apenas tenía 23 años cuando, en verano de 1982, aprovechó un visado de tránsito de tres días para viajar durante semanas por el Cáucaso, lo que, en ese entonces, para un ciudadano de la RDA, podía considerarse un acto de independencia inaudito: “Yo quería apropiarme de algo que no estaba previsto para mí”, dice él echando la vista atrás. Casi todo salió bien, no se dieron cuenta de su particular interpretación de las disposiciones sobre visados hasta cinco semanas después. Krüger fue deportado y se le impuso una multa. Aún así, repitió la expedición ilegal un año más tarde.

Por aquel entonces, Krüger estudiaba ya teología en Berlín Este. Para el hijo de un pastor de Turingia la decisión le pareció natural, al igual que su colaboración con círculos críticos con el Estados, como Kirche von Unten. En sus sermones intercedía, casi sin tapujos, por los detenidos y los opositores maltratados. Tras la manipulación de las elecciones comunales del 7 de mayo de 1989, oró por los observadores electorales voluntarios e hizo un llamamiento a “salvar la colectividad del país”. Al mismo tiempo sabía que: “Quien se saltaba los cánones tenía que contar con un buen varapalo”. Krüger cultivaba formas artísticas no muy bien vistas en la RDA: Se interesaba por el dadaismo, que el Neue Deutschland tachó de “completamente erróneo” puesto que ese “vanguardismo” fomentaba la “descomposición de la cultura nacional alemana a manos de la barbarie cultural americana”. Por si esto fuera poco, Krüger tocaba en grupos punks y ponía en escena obras de teatro críticas, por ejemplo, de dramaturgos como Heiner Müller.

Al mismo tiempo, el joven vicario pertenecía al círculo de teólogos protestantes de ideas democráticas que reflexionaban acerca de vías alternativas para la RDA. De esto surgió en la RDA el Partido Socialdemócrata, que fue fundado en Schwante el 7 de octubre de 1989, justamente el día del 40 aniversario de la RDA, tan esperado por el politburó y tan eufóricamente celebrado. Krüger formó parte de él desde un principio, en una época en la que el régimen del SED aún estaba bien dispuesto a hacer uso de la violencia para hacer callar a los críticos.

Como gerente del partido en Berlín, Thomas Krüger fue uno de los organizadores del cambio, que se iba acelerando cada vez más y que siguió derroteros distintos a los que muchos defensores de los derechos civiles hubieran deseado. Sin embargo, eso no acobardó al treintañero: Participó en política a nivel municipal, fue senador juvenil en Berlín, parlamentario en Bonn y Presidente del Kinderhilsfwerk (institución benéfica para niños). Diez años después de la revolución, Thomas Krüger asumió la dirección de la Bundeszentrale für politische Bildung (Centro Federal para la Formación Política) y prácticamente la reinventó.

Sven Felix Kellerhoff

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