source: Robert-Havemann-Gesellschaft/Dirk Vogel
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Gerold Hildebrand

born 1955 in Lauchhammer

Nadie de la familia de Gerold Hildebrand tenía inclinaciones políticas. El padre, soldador profesional, estaba desilusionado a consecuencia de la guerra; en un principio católico, después ateo; en los primeros años de la RDA pasó a ser profesor de matemáticas y deporte. Marcado por la experiencia totalitaria vivida, no se hizo miembro del SED, había jurado que nunca se afiliaría a ningún partido del mundo.

Gerold fue un pionero en las organizaciones infantiles estatales, pero también se interesó por el cristianismo. Era un acuerdo tácito con la madre, procedente de una familia protestante de Silesia, un acto de subversión contra el padre. Leyó a Max Frisch y Dürrenmatt, veía Beatclub en casa de sus abuelos y escuchaba otros programas de música occidental. Esa música expresaba un sentido de la vida difícil de expresar en un país rodeado por un muro como era la RDA. Seguramente por eso, viajaba cada fin de semana, haciendo autostop, para ir a conciertos de rock y jazz, en los que tocaban, sobre todo, canciones de grupos occidentales. "Siempre tras los pasos de la música”.

Su politización tuvo lugar en la calle. Haciendo autostop vivió las historias que le llevaron hasta la oposición. Escuchó a gente joven a la que habían reprendido por llevar brazaletes negros tras la muerte de Jimi Hendrix; a personas que querían salir del país; escuchó también historias sobre represalias, que más tarde él sufriría.

Aunque tenía parientes en Alemania Occidental, hecho que hacía de él un potencial sospechoso, en 1973, tras hacer la selectividad, le destinaron a las tropas fronterizas. Cuando medio año después le preguntaron si dispararía en la frontera, respondió que no. "Les preguntaban a todos y todos podían decir que no”. Su no, sin embargo, no quedo exento de consecuencias: Le negaron la plaza en la facultad de Medicina, que previamente le habían concedido. Desde ese momento se consideró a sí mismo un enemigo del Estado. La muerte de su amigo Matthias Domaschk en las dependencias de la Stasi supuso otra fisura, pero no le hizo callar. Para él estaba claro: "Hay que plantarle cara al Estado”.

Gerold Hildebrand no quería servir al Estado, pero sí a la sociedad, por lo que trabajó en instituciones eclesiáticas con niños discapacitados. Participó en círculos de lectura ilegales en Jena y colaboró en la Biblioteca sobre Medio Ambiente. Asesoraba a jóvenes que no querían prestar el servicio militar en la RDA, exponiéndoles las posibilidades y consecuencias de negarse a hacerlo. En otoño de 1989, organizó misas de intercesión, fue uno de los impulsores de las vigilias en la iglesia Gethsemanekirche de Berlín y se encargó de mantener el contacto entre los grupos de la oposición de Berlín y Leipzig.

A finales de los 1990, estudió Sociología en la Universidad Humboldt. A continuación, escribió, por lo general de forma honorífica, para la revista Horch und Guck (escuchad y mirad), incentivando en sus escritos a que no se olvidara. Si bien no ha conseguido el bienestar que muchos habían esperado tras la revolución pacífica, se considera una persona contenta.

Nanette Hojdyssek

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