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Siegbert Schefke



Siegbert Schefke
Nació en Eberswalde en 1959.

El 10 de octubre de 1989, toda Alemania observaba cautivada las imágenes que transmitía el programa Tagesthemen de la cadena ARD. 70.000 manifestantes marchaban por las calles de Leipzig coreando el lema que hacía temblar la ciudad: "Nosotros somos el pueblo". Eran imágenes de la manifestación de los lunes del día anterior. Por primera vez, millones de ciudadanos de la RDA podían ver a través de la televisión occidental lo que la cúpula del SED les estaba ocultando: que la resistencia a la dictadura se había convertido en un movimiento de masas. Motivados por este hecho, gente de todas las regiones del país salió finalmente a las calles. Esta fue la señal que dio inicio a la caída del régimen del SED.

Las imágenes de las que hablamos fueron hechas por dos ciudadanos de la RDA: Aram Radomski y Siegbert Schefke, provenientes de Berlín Este.

Siegbert Schefke no contaba en un principio con una biografía típica de un disidente. Después de haber realizado una formación como obrero de construcción especializado y la selectividad, finalizó su instrucción militar básica y fue admitido en la Escuela Superior de construcción de Cottbus para cursar estudios en dicho ramo. A partir de 1985, ocupó el cargo de director de obra en el Wohnungsbaukombinat (grupo de constructoras de carácter estatal) de Berlín, que estaba trabajando en la edificación de barrios nuevos en la parte Este de la capital. Lo cierto es que él llevaba vidas paralelas. Entre las 9 de la mañana y las 3 de la tarde, contribuía a la "sistemática construcción del socialismo". Al salir del trabajo, estaba comprometido con la labor de la Umwelt-Bibliothek (Biblioteca sobre Medio Ambiente) de Berlín y de la iglesia Zionskirche de Berlín Este, que, a partir de 1968 se habían convertido en punto de encuentro y en centro de control de la oposición en la RDA.

Esto no pudo funcionar bien por mucho tiempo. A partir de 1985, le impusieron la prohibición de viajar, no pudiendo salir de la RDA. En enero de 1987, tuvo que rendirle cuentas a su jefe, lo que fue el detonante final que hizo que Schefke renunciara a su trabajo, convirtiéndose así en "revolucionario a tiempo completo". En el sótano de la Biblioteca para el Medio Ambiente surgieron periódicos clandestinos de tirada corta como el Umweltblätter. En un país en el que un sinnúmero de medios de comunicación estaban controlados por el régimen, no eran lo que se dice un gran faro de la libertad de expresión pero, al menos, una pequeña luz en medio de la tormenta.

Lo que querían lograr era llegar a un número mayor de gente. Para ello recurrieron a los medios de comunicación occidentales. En primer lugar, con programas de radio que eran producidos en Berlín Este, grabados en casetes e introducidos clandestinamente en la RFA, para luego ser transmitidos por una emisora occidental en un programa llamado Radio Glasnost, que se podía escuchar también en la RDA. Pero fueron las películas de Schefke y Radomski las que llegaron a un mayor público en la RDA. Estos reportajes eran rodados con cámaras de vídeo introducidas clandestinamente desde la parte occidental, transmitidos por la televisión de la RFA y vistos también por millones de televidentes en la RDA. Filmar ilegalmente era muy arriesgado, los temas mostrados, tremendamente explosivos: la destrucción del medio ambiente en la región minera de lignito o el declive de los centros urbanos. Por si eran arrestados, habían dejado guardados en el lado occidental vídeos en los que hacían pública su autoría, pero nunca tuvieron que utilizarlos. Si bien la Stasi controlaba a los periodistas clandestinos mediante espías, sabotajes y vigilancia evidente, no los arrestaba, quizá por temor a las sanciones por parte de Occidente o quizá, sencillamente, porque la SED consideraba que los resultados que podían obtener estos revolucionarios con sus cámaras de televisión serían inofensivos para el régimen.

El día de la manifestación de los lunes de Leipzig, cuando las imágenes televisivas de Schefkes se convirtieron en el detonante de la revolución, la SED se dio cuenta de que estaba en un error.

erald Praschl

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